Bourdieu, habitus y Karate Kid

 

Pierre Bourdieu es uno de los sociólogos modernos más importantes y más citados en la actualidad. Uno de sus conceptos más relevantes es el de habitus, que él define como:

 «Sistemas de disposiciones, duraderas y transferibles, estructuras estructuradas predispuestas a actuar como estructuras estructurantes, es decir, como principios generadores y organizadores de prácticas y de  representaciones que pueden ser objetivamente adaptadas a su meta sin suponer el propósito consciente de ciertos fines ni el domino expreso de las operaciones necesarias para alcanzarlos» (Bourdieu, 2007:86).

Pues bien, supongo que no habréis entendido nada, o por lo menos, muy poco. A mí me pasó lo mismo la primera vez (y la segunda, y la tercera…). Este hombre no es de lectura fácil, ni rápida, usa una retórica algo oscura y conceptos muy arraigados en la tradición filosófica europea que debes conocer para entender. Y aunque nadie explique su teoría tan bien como él, lo que voy a intentar aquí es realizar una aclaración de este concepto, aunque, irremediablemente, lo simplifique a él y a sus funciones. «Pues me leo un libro sobre su obra y me explicaran mejor». Pues sí, lo puedes hacer, e incluso lo recomiendo, pero también es cierto que te encontrarás cosas como la definición de habitus que nos ofrece Luis Enrique Alonso (sociólogo español con un gran conocimiento de la obra de Bourdieu) vemos esto:

«Sistema de disposiciones duraderas pero a la vez recreadas, gramáticas generadoras de prácticas que representan la interiorización de la exterioridad y la incorporación -incluso física- de las condiciones objetivas de los campos a los sujetos» (Alonso, 2002: 19)

Apuesto a que seguís igual, o peor. Podría seguir. Muchos estudios sobre Bourdieu normalmente son incluso más rebuscados que el propio autor, y esto nos indica el grado de dificultad y complejidad de sus conceptos y su teoría, lo cual es bueno. Pero para alguien lego en la materia es bastante probable que le eche para atrás y que se olvide de él para siempre. Pero esto sería un error, ya que el habitus, aparte de tener una enorme importancia en sociología debido a su caracter relacional (dotó de protagonismo al sujeto frente a las corrientes estructuralistas que lo dejó sin autonomía y lo relacionó con la estructura frente a los movimientos micro que las habían eliminado), también ayuda mucho en la vida cotidiana, porque capacita para ver procesos que antes pasaban desapercibidos.

Por ello, mi intención es realizar una explicación sencilla e ilustrativa del concepto, para que llegue a la mayor parte de población posible, aunque, no me cansaré de repetirlo, este quede bastante simplificado (no por nada la imagen de Bourdieu en este artículo es una caricatura).

La mayoría de vosotros habrá visto la película Karate Kid, o al menos, le sonará la famosa orden del profesor Miyagi: «dar cera, pulir cera». Veamos esta escena y lo que conlleva en la película:

 Exacto. Esto es el habitus. ¿Cómo? Sencillo: el aprendizaje del movimiento de la cera repetido y continuado hace que el alumno consiga adquirir la práctica de la lucha, aunque no era ni siquiera consciente de ello. Es decir, el habitus es algo así como las experiencias pasadas que generan una «forma de ser» y una respuesta frente a las situaciones que se nos presentan en el día a día. En este caso, el alumno no sabía que estaba aprendiendo nada, simplemente estaba reproduciendo una estructura estructurada (las pautas del maestro). Cuando estas prácticas son transferidas del maestro al alumno, este puede convertirlas en una estructura estructurante, es decir, algo que genera unas prácticas -reacciones- determinadas frente a una situación (en este caso, las prácticas que se generan son movimientos de lucha en la situación de una pelea).

Es importante señalar que, al igual que en el caso de la película, el habitus muchas veces es inconsciente (en el momento que lo sabes es más fácil que pase, parcialmente, a ser consciente), ya que, como hemos visto en la propia definición del autor, no supone que estas prácticas aprehendidas se adquieran para conseguir un fin o una meta, sino simplemente nos vienen dadas a través de la experiencia.

Por último señalar que cada individuo tiene un habitus único, ya que, al igual que ninguna vida es igual a otra, ningún habitus es exactamente igual a otro (y este sería el principal punto de libertad que ofrece Bourdieu a los sujetos). Sí que existen semejanzas, similitudes y parecidos entre personas y por ello existen relaciones con mayor afinidad que otras. Por eso en la película la forma de pelear del alumno es similar a la del maestro, ya que la ha aprendido de él, pero no quiere decir con esto que va a ser igual, ni que perdure así para siempre.

La extracción de este concepto a la luz permite observar muchos procesos que permanecerían ocultos en la sociedad. Y al hacerlo más simple quizá os ayude a vosotros a verlos y a combatir esa ocultación.  Y por ello deberíamos seguir los consejos que da el maestro Miyagi, ya que, como bien dice Bourdieu: la sociología es un deporte de combate.

Jorge Carrión
 

Referencias bibliográficas

-ALONSO, Luis Enrique (2002), Pierre Bourdieu In memoriam (1930-2002). Entre la Bourdieumanía y la reconstrucción de la sociología europea, Revista Española de Investigaciones Sociológicas, 97: 9-28.

-BOURDIEU, Pierre (2007), El sentido práctico, Buenos Aires: Siglo XXI.

 

 

 

Despertares.

Ha vuelto a ocurrir. Antes de abrir enteramente los ojos, antes siquiera de notar el conocido sabor de la bilis en mi boca, goteando lentamente en la almohada, sobre manchas más antiguas de sangre, semen y sudor, sé que ha vuelto a ocurrir. Es la misma sensación deleznable de siempre. Empieza con un dolor agudo, irracional, eterno, iracundo, un dolor sin forma ni aullido, sin progenitores, sin descendencia, un dolor subyugado al vacío. Luego, y cuando digo luego, digo en el largo instante en el que caigo en la cuenta de que estoy, de hecho, vivo, y no solo eso, pensando también, arranco un destello de claridad entre todo el embrollo que es en esos momentos mi mundo. Ocurrió ayer. Ocurrió en un momento en el que la Tierra estaba en otra parte con respecto al sol de lo que lo está hoy, y en otra inclinación con respecto a sí misma de lo que lo está ahora. Eso es lo más cerca que puedo llegar a situar los hechos. De todas maneras, no importa el cuándo. El dónde es un poco más relevante, pero tampoco es vital para entender este oscuro entresijo de palabras sin sentido que ni siquiera estoy realmente pensando. Lo importante, como todos debéis saber ya, y si no, dejad de leer, es el qué. ¡Oh, el qué! ¿Qué terrible acto enmascara el “qué”? Si tan solo pudiese justificar mis actos con una sonrisa sardónica, con una frase ingeniosa al estilo americano, o más bien al estilo doblaje de película americana, entonces todo sería más sencillo. Pero no puedo. Así que no me queda otra que dejarme llevar por lo que ocurrirá a continuación con la cabeza gacha, no por vergüenza, ni por arrepentimiento, sino por el sol, que no juzga, impone sin más un severo castigo contra mi cuerpo y mente que ningún Sr. Juez puede con tanta eficacia hacerme padecer. Este maldito cerebro mío, esta maldita máquina con la que pienso que realmente estoy pensando, me la ha vuelto a jugar. Me río de esos programas matinales en los que hablan y hablan, articulando sonidos detrás de otros sobre cómo nuestro cerebro piensa con lógica. ¿Lógica? Sí, lógica. Lógíca, lógica, lógica. Es fácil pensar con lógica. Pensar con lógica no quiere decir pensar acertadamente. Para nosotros, tristes humanos, pensar con lógica es algo tan sencillo como saber por qué lado se debe coger una cuchara. Es tan sencillo como no salirse de la basta ignorancia humana. No se hagan una idea equivocada de mí, al menos no de momento, esperad a que se confirme. No soy nihilista. Creo en ciertas cosas, como en el nihilismo por ejemplo. Debo disculparme por mi incongruencia, pero debéis ser consciente de que (es gracioso este giro de los acontecimientos) todo esto ocurre, o más bien no ocurre, en unos instantes tan efímeros que son tan solo un eufemismo para decir que más bien, ocurren constantemente, ese cruel punto en el que dejo la protectora estancia del sueño y debo afrontar los hechos de lo ocurrido.
Me visto torpemente, paso rápidamente por la puerta del baño, tratando de no verme reflejado, de no ver tan pronto la primera mirada de condescendiente juicio. Busco mi pitillera, sacó el primero de muchos. Lo dejo descansar entre mis labios, disfruto de su tacto, de cómo absorbe la poca saliva que soy capaz de generar para quedar irremediablemente pegado a ellos, para luego arrancarme un pedazo de mí cuando ya lo haya olvidado. Desde donde estoy, alcanzo a ver la puerta, desde la puerta, abierta, en lontananza alcanzo a ver hordas de desdibujados rostros que, coléricos, alzan antorchas y gritan improperios con tal frenesí, con tal contagiosa cólera que casi parecen felices: unidos por una sola idea .


¡A la bestia, a la besia!

                                                                                                                                                                                                                                               F.Lucchetti

Sociología visual 1 – Goffman y Tarantino

El encuentro cara a cara con el poder.

La materia sociológica es muy vasta y, a menudo, compleja, como para poder explicarla en un blog de unos estudiantes. Hay tantas teorías, teoremas y conceptos que es difícil incorporarlos todos al conocimiento individual. Por ello, lo que hemos pensado aquí es establecer una relación entre los conceptos más importantes de la tradición sociológica (ya sea de su época clásica como de la moderna), con diferentes objetos que están presentes en nuestra vida cotidiana. Y de este último tema es del que vamos a hablar, y con el que vamos a comenzar, la vida cotidiana, porque vamos a explicar dos conceptos fundamentales de la teoría del sociólogo Erving Goffman.

Goffman fue un sociólogo preocupado principalmente por las relaciones cotidianas de las personas, que ejercía una microsociología de la microsociología. Se fijaba en los más mínimos detalles y con ello pretendía descubrir las relaciones de poder implícitas que existen en la sociedad, aunque nunca se preocupó de temas como el poder estructural ni la dominación a gran escala.  A él le interesaban los encuentros, las conversaciones, las cafeterías o lo salones de té (según la época) y provocar que los resortes de lo establecido saltaran por los aires. Esto se muestra por ejemplo en una situación que creó Goffman en un restaurante para evidenciar las normas sociales interiorizadas de las situaciones: tras haberse levantado una persona para ir al lavabo, Goffman ocupó su asiento y lo mantuvo mientras el hombre le pedía explicaciones. En una dramatización del incidente, yo me imagino algo así:

Persona anónima: Yo estaba sentado ahí.

Goffman: Lo sé, ¿y?

PA: Pues que es mi sitio y usted me lo ha quitado.

G: No, usted se ha levantado y yo me he sentado, ¿cuál es el problema?

PA: ¡Pues que yo no me he levantado para irme, sino para ir al baño!

G: ¿Y eso yo cómo lo sé? ¿Y si tarda tres horas en salir del baño, o realmente se ha ido por la ventana?

PA: ¡Pero si he dejado mi chaqueta!

G: Yo no sé el aprecio que le tiene o no a su chaqueta, pero cabe la posibilidad de que se hubiera ido olvidándosela o dejándosela aposta para no volver a verla, ¿por qué no sentarme si usted se había marchado para un período indefinido de tiempo?

PA: ¡Pero si está aquí mi esposa!

G: Bueno, yo no sé el aprecio que le tiene o no a su esposa…

Evidentemente, esto no ocurrió así, pero es una exageración simplificada para que extraiga la idea principal: muchas normas sociales están implícitas en los individuos y no saben muy bien por qué. Nuestra tarea es evidenciar y entenderse ese porqué. Iremos a la parte principal que nos ocupa, los conceptos goffmanianos. Para explicarlos usaremos la película de Quentin Tarantino: “Malditos bastardos”. Al igual que pasaba anteriormente, la película nos muestra los conceptos exageradamente, pero eso es lo que pretendemos, que se evidencie totalmente el concepto, y con ello poder llevarlo a la vida cotidiana. Las primeras secuencias y el diálogo inicial ya nos darán las bases necesarias para explicar nuestro propósito.

Nos centraremos en las reglas y el poder para Goffman, es decir, dentro de los encuentros cara a cara. Por esto entendemos  la unidad fundamental por las que se crean agregaciones causales, espontáneas al mezclarse en las actividades de la vida cotidiana. Es decir, un encuentro cara a cara es lo que tenemos cuando llegan los nazis, cuando está familia reunida antes de llegar estos o el diálogo entre Landa y el granjero. Pero para diferenciar los diferentes tipos de encuentros Goffman creó las reglas, y las reglas son, como hemos visto antes en el restaurante, la serie de comportamientos que utilizamos en la presencia de otro. Goffman dividió las reglas en tres tipos de unidades de análisis: la situación social, los encuentros sociales y las ocasiones sociales.

La situación social es cualquier ambiente determinado por la posibilidad de un control recíproco tal que pueda prolongarse todo el tiempo que dos o más sujetos se encuentren en inmediata presencia física y que se extiende a todo el espacio en el cual semejante control es posible. Es decir, el diálogo entre los dos hombres es una situación social.

La ocasión social es un evento que sucede en un tiempo y lugar específicos y que dicta el tono para aquello que sucede en su interior y durante su desarrollo. Es decir, el día que llegaron los nazis a la granja (y todo lo que aconteció después) es una ocasión social. Para poner un ejemplo más claro, un concierto.

Justo antes de llegar los nazis.

El encuentro social es una ocasión de interacción cara-a-cara que comienza cuando los sujetos se dan cuenta de que han entrado en la presencia inmediata de otros. La familia y su [cambio de] comportamiento cuando ven que llegan los nazis es un ejemplo de encuentro social.

Como podemos ver en la película el poder está representado desde que llega por Landa, aunque anteriormente (por un breve lapso de tiempo) ha sido simbolizado por el padre de la familia. ¿Cómo sabemos exactamente qué es el poder en Goffman por esto? Por la ruptura de las reglas sociales establecidas hasta ese momento. El hecho de que el propio padre y dueño de la casa le pregunte a Landa si puede fumar en su propia habitación hace que se vea claramente quien ha conseguido el rol de autoridad y quien dicta las normas sociales en la situación, lo que le convierte en la personificación del poder goffmaniano.

Hasta aquí la primera entrega de lecciones de sociología a través del cine o sociología visual. Si siguiera escribiendo me pasaría a lecciones de cine, por lo que me detendré aquí. Pero os recomiendo que veáis esta película (aquí por ejemplo) y que la veáis de esta manera (al igual que cualquier otra que veáis) porque así se pueden extraer y explicar muchos grandes conceptos.

J. Carrión

Standstill

standstill logo adelante bonaparte

Nada mejor para empezar publicando que con un grupo que te gusta.

Posiblemente no conozcáis ni  de la existencia de este grupo, pese a que llevan más de 15 años y 8 trabajos (2 eps y 6 lps). Tras pasarse del inglés al castellano y lograr colocar Su último disco en el puesto 5 de los más vendidos en su lanzamiento. Standstill reflejan en sus letras aspectos que en otro tipo de música más “para todos los públicos”  no ocurre.

Standstill es un grupo peculiar debido a que no son muchos los que se pueden identificar con un sonido propio y que ha cambiado con el paso del tiempo. Empezando como un grupo Hardcore en sus primeros discos;

 Tras sus inicios ha pasado a ser unos de los referentes en música Indie

 y actualmente casi se podría decir que su estilo es experimental. Todo lo cual lo hacen lo hacen posible en la actualidad a través de su sello discográfico propio “Buena Suerte” y como en el caso de su último disco a través de Crouwfounding.

Pocos grupos conozco que se hayan reinventado tanto en tan poco tiempo y con un cambio en el idioma de por medio. Tambien destacar la interpretación que hace el cantante de las letras del último disco; las cuales se dejan de lado lo superficial y buscan otro tipo de emociones. Un ejemplo:

2. CONJURO DE TODOS LOS TIEMPOS

¿Cómo explicar esto? Mmm… Creo que al nacer somos algo así como puros, completos, lo somos todo en potencia. Y creo que, más que la amenaza o la fuerza, el miedo ha sido desde siempre la herramienta con la que se nos ha moldeado y puesto límites, para el supuesto beneficio de la comunidad. Lo que nos ponen a diario en televisión o lo que nos “enchufan” generación tras generación cuando somos niños tanto en casa como en la escuela son las múltiples formas de esa sutil brutalidad que consigue sociedades viables con individuos mermados y alejados de sí mismos. En cierta idea pragmática (y algo así como defensiva) de amor y de familia entiendo que también. Nada nuevo: es el eterno pulso con lo conservador. ¿Quién no ha estado allí? ¿Quién no ha escuchado las voces del conjuro?

Y para rematar un directo impresionante… A cada uno de sus últimos discos le acompaña un espectáculo diferente en directo. Acabo con el video del espectáculo Room de su séptimo disco:

Cenizas en el tiempo.

La bruma empieza a cubrir la calle, arrastrándose con temible silencio, esparciéndose lentamente; llevando consigo la discordante música de la locura. En esta remota y desolada parte de este mundo deteriorado y caótico en el que vivimos, cuando llega la niebla todo se paraliza. Y aquí, yo, soy todo lo que hay. Contemplo el cielo, con miedo –como siempre que lo hago- y una vez más, veo las estrellas; y a través de ellas, ellos me ven a mí. Cientos de miles de millones de ojos, siempre pendientes de mis movimientos, de cualquier paso en falso. Buscan el momento para volver… pero no deben volver. No. Si hay algo que tengo claro, joder, si hay algo que no he olvidado ni por un momento en toda mi reclusión en estos páramos interminables; en esta ciudad dormida, para siempre maldita por la infinita desesperación de mi ser; si algo mantengo de mi antigua cordura; es que ellos no deben volver. Prefiero permanecer para siempre aquí, solo y a merced de los vientos, antes que pasar si quiera un momento con ellos de nuevo.

Las sombras desaparecen, y la fantasmal blancura de la nada, oculta toda la realidad. Mis pensamientos vuelven al letargo subconsciente de la soledad. Ya no me preocupo por escapar de aquí: por fin me he dado cuenta de que no estoy atrapado. Soy libre. Libre para andar por la inmensa superficie de esta tierra estéril. Espero el momento en que la locura consuma todo resquicio de mí, y caiga sin remedio en el oscuro pozo abismal del cual nunca saldré.

Observo con inmutable indiferencia como desaparecen las arterias de hormigón de esta cáscara que antes debía ser una ciudad. Sus muros de piedra oscura se ocultan tras el mortecino velo de niebla que se extiende ya por todo mi campo de visión. ¿Cuánto durará esta vez?; ¿Cuánto tiempo llevo aquí?; ¿Cuánto tiempo debo permanecer antes de que la locura me consuma o mi cuerpo desfallezca? Preguntas que no sé, que no recuero o que directamente están mal planteadas. La última vez, pasé tanto tiempo entre la calígine que cuando se disipó, la repentina luz dañó mi visión, ya seriamente perjudicada, y no podía más que entrecerrar los ojos y andar a tientas. Pero lo que más temo de esta desasosegante manta blanca que pronto caerá sobre toda realidad, es ese hiriente sonido que rechina los dientes y estremece los sentidos; suplicando por un segundo de piedad que nunca llegará. ¿Cómo logro seguir con vida, manteniendo la cordura? No lo sé. Pero estoy seguro de que no saberlo, es uno de los motivos por los cuales aún no he caído en el pozo; mas no sé cuánto durará esta suerte mía.

Los días han dejado de tener sentido para mí y cada instante se amontona sobre el siguiente, y este sobre el siguiente y así hasta que ya dudo de si el tiempo sigue para adelante. Si no fuese por las escasas miradas que dedico al firmamento, estaría convencido que he quedado atrapado en una pequeña fracción del tiempo, congelado en una realidad etérea condenada a durar para siempre. Pero ni con la afirmación de que allá afuera la vida sigue su curso, consigo soslayar la extraña quietud de mi entorno. Una inmovilidad silenciosa, infranqueable. No hay pájaros en los árboles, ni viento que los agite. El río al sur de la ciudad jamás lleva corriente y los pocos peces que en él erran miserablemente, los cuales –junto con los frutos secos que recojo del bosque de la orilla de en frente-han sido mi único sustento en esta letárgica existencia- mueren por inanición, por inactividad. Paseo por entre las calles, ya totalmente rodeadas por el inmutable río de niebla, y espero la llegada del sonido que me perseguirá mientras dure esta maldición atmosférica. El sol aún debe estar en alguna parte del cielo, ya que una luz fría se esparce por entre los vericuetos de la ciudad; pero sé que poco a poco, esta se ira apagando, y con ella, todo intento de encontrar más comida para hoy; o un sentido a todo esto.

Vuelvo, agazapado, con miedo, pero en un frágil equilibrio mental ante la necesidad de encontrar ese sentido; esa explicación que tranquilizará mi mente, dejándome morir así, al fin, en paz. Pero tras ese pensamiento, que me ancla a la “realidad”, a la cordura, se esconde una oscura intención. Parte de mí quiere abandonar esta infructuosa lucha contra la muerte, contra la demencial locura que acecha en el borde de mi mirada, que me rehúye cuando intento plantarle cara; escondiéndose de nuevo entre las sombras de mi atormentada mente. Paso entre tiendas cerradas, estancos, peluquerías, bancos, droguerías…. Todas carentes de vida; así han estado desde que llegué; y si no empiezo a alucinar, así permanecerán. Los pasos que doy contra el frío asfalto retumban ligeramente, pero pronto se pierden entre la niebla que, como una voraz bestia, engulle todo lo que encuentra en su camino. Acelero la marcha, deseo llegar a mi morada. No logro quitarme de encima la inquietud de este lugar. Podría simplemente ir andando, incluso podría sentarme aquí, en este mismo lugar, entre la calle 45 y la 56, y sé que no me pasaría nada; me levantaría al día siguiente en medio de esta página en blanco del libro de mi vida, sin ningún rasguño más que el frío que penetraría en mi cuerpo, dejando tras de sí la hipotermia. Pero acelero el paso. Porque temo que si no mantengo una rutina, una estabilidad en esta isla de la paranoia, habré desperdiciado cada día de supervivencia. He aprendido a hacer de la única iglesia de esta ciudad, mi hogar. En ella paso los días, ajeno a la tenebrosa realidad que fuera me espera para darme… nada. No sé qué tiene este templo en particular, nunca me he considerado un hombre religioso, aunque como hombre de ciencias siempre me he sentido atraído por lo inexplicable. Por aquello que reta la razón y necesita de un nuevo paradigma para poder ser comprendido. Aunque eso era antes. Antes de…

Cierro las grandes puertas de la Iglesia. La mortecina luz se abre camino a través de las antiguas vidrieras con representaciones de santos, vírgenes, querubines y demonios. Me siento en uno de los bancos y miro al altar con abatida indiferencia. Cuando llegué aquí, desnudo, solo y desorientado, no pude moverme del centro de la plaza, dónde me soltaron, y permanecí sentado, conmocionado durante un par de días. Al tercero, salí para descubrir una ciudad fantasmal, en unos infinitos páramos, que recorrí durante días antes de desistir y volver a la protección de este lugar. Anduve durante un tiempo buscando una casa, disponía de una ciudad entera para elegir, pero la mayoría estaban cerradas con llave. El único lugar abierto que encontré, exceptuando las diferentes tiendas, el cine y la oficina de correos, era esta iglesia cuya antigüedad destacaba por encima de la modernidad de los edificios vecinos. Entre, atraído por sus gárgolas, su piedra húmeda y deteriorada y por una extraña sensación de que, si bien no iba a encontrar derecho de asilo, encontraría un lugar dónde recluirme y esperar el día en el que por fin, algo le pase a mi cuerpo… o a mi mente. En ocasiones como esta, en las que la niebla y el enloquecedor sonido que la sigue -y que ahora escucho claramente como penetra en mi cerebro, ralentizando mis pensamientos- se adueñan de la realidad, en esta iglesia, dónde la niebla no logra entrar ni el sonido adquiere la frecuencia demencial que tiene afuera; paso mi reclusión, día tras día, solo, volviéndome loco.

¿Por qué me dejaron aquí?, ¿Dónde estoy? Eso es todo lo que quiero saber; todo lo que necesito saber para poder morir en paz. Ya no me pregunto ¿Por qué me cogieron a mí para sus mórbidos experimentos? Si no, ¿Por qué no me dejaron donde estaba?, ¿Por qué me soltaron en este horrible lugar dónde la locura se extiende paulatinamente, consumiéndome, arrastrándome consigo y anulando toda humanidad?

Quizás esta sea la última vez que veo el paso de la niebla; quizás sea la última vez que mire al cielo, confuso, y tema a las estrellas. Quizás estas son mis últimas horas. Ojalá así sea. Quiero rendirme, no soporto más esta insidiosa pesadilla que se ha convertido en mi realidad. Pasan los días, y no soy consciente de ello. Ya no salgo de la iglesia. Ya no pesco en el río ni recojo frutos secos en el bosque. Desearía fumarme un último cigarro y morir, entre mis heces y bilis, en este rincón oscuro, de esta iglesia oscura, en esta ciudad sin nombre. Poco a poco, noto mi cuerpo quedarse sin energía, consumiéndose a la vez que mi mente me consume; volviéndome más loco por momentos. Así es mi final, triste y en soledad. Pero me contento con que todo acabe. Y si mi cuerpo muere pero mi alma trasciende, quizás algún día logre comprender qué es este lugar; sino, no me importará, no podrá importarme.

Pero, ¿qué es ese sonido? No es la desagradable música de la niebla, ni siquiera estoy seguro de que la niebla siga ahí ¿Cuánto tiempo ha pasado? Suena más bien como una tormenta. Pero no una tormenta normal, de las que estaba acostumbrado a escuchar en mi antigua vida; esta parece el resultado de dos galaxias en colisión. Luces de todos los colores, con intensidades imposibles para mis ojos, estallan tras las vidrieras. Centellan aleatoriamente trayendo consigo explosiones ensordecedoras. ¿Qué está ocurriendo? Subo las escaleras de la torre del campanario, cojeando y flaqueando en cada escalón, pero decidido a ver un último atisbo de irrealidad antes de morir. Porque sin duda moriré, quizás antes de llegar al final de la escalera.

Alcanzo la cima, jadeando, luchando por tomar una bocanada de aire. Pero no puedo. El aire se ha tornado sumamente denso, sofocante y violento. Entreabro los ojos justo cuando las luces y los estallidos alcanzan su máxima intensidad. Sonrío, sabiendo que mi cuerpo no podrá soportar más esta locura. Llevadme. Llevadme de vuelta o matadme. Que dulce fin. Adiós…

Un momento antes de cerrar los ojos definitivamente y soltar mi último aliento, veo una figura desnuda, sola, desorientada, que no se mueve del centro de la plaza. Las luces han parado, la niebla se ha ido y con ella se va mi vida. Miro la triste figura recién llegada y solo deseo que él encuentre una explicación antes de que siga mi desolado camino.

                                                                                                                                                                                                                                         F.Lucchetti

[microrrelato] Juicio en Valencia

Estaba siendo durísimo. Creía que no iba a poder soportarlo. Ahí estaban todas esas jirafas, esos hipopótamos, esos leones, esas serpientes y esos atunes mirando con dureza mi cuerpo bípedo y fláccido, creyendo que yo era un simple criminal común, ¡YO!. Aguanté como pude las acusaciones hasta que llegó mi turno de palabra. El pájaro estaba intentando atacar a un elefante, por ello cogí mi rifle, disparé y la bala le atravesó la cabeza a través del pico. NO CULPABLE. Me sacaron entre vítores (habérnoslo dicho antes, dijeron).

J. Carrión.

¿Es pretty woman fascista?

 La mayoría de vosotros conocerá la historia de esta película. Para lo que no, aquí os hago un breve resumen: una chica joven, pobre y prostituta (Julia Roberts) conoce a un hombre considerablemente más mayor, asquerosamente rico y atractivo (Richard Gere). Él contrata sus servicios y acaban enamorándose y ella viviendo su cuento/a con final feliz. Parecido a Cenicienta, pero algo más moderna, ¿no? Bien, pues si nos ponemos a analizar las relaciones de dominación existentes en las imagénes de la película podemos descubrir algunos de los símbolos de la ideología del capitalismo más salvaje y fascista.

 ¿Por qué digo esto? Aclarémoslo. Richard Gere es un voraz y rico liquidador de empresas. Es decir, es uno de los empresarios más feroces y salvajes de todo Estados Unidos. Ella es pobre, joven, sin recursos y prostituta. Esto nos ofrece un paralelismo entre la clase dominante capitalista y la clase dominada: la clase dominante ofrece un estilo de vida “confortable” a cambio de que la clase dominada siga siéndolo sin ningún tipo de rebelión, es decir, siga siendo sumisa (¿qué metáfora hay más sumisa que una prostituta?). Ello recuerda a la reflexión de Zizek, en la cual nos dice que el peor Amo no era el que trataba mal a sus esclavos, sino el que los trataba mejor que nadie, ya que de este modo ocultaba la relación de dominación y conseguía que el esclavo no tomara conciencia de su situación.No un Amo como el de Cincuenta Sombras de Grey (que también analizaré más adelante) sino un Amo capitalista, un Amo-Estado. Richard Gere es el Amo bueno. Trata bien a Julia Roberts, le da dinero, se va de compras con él, pero en el fondo sabe que es una puta y piensa que siempre lo será. Por eso la ruptura de la película viene cuando la trata como lo que es para él. Esto se podría comparar perfectamente con los últimos gobiernos españoles (y evidentemente, con muchísimos más). Cuando el país «funciona» nos tratan como putas de lujo, nos dan caprichitos, estamos con un cierto grado de bienestar, porque nos hemos portado bien (es decir, como buenos sumisos). El problema viene cuando se destapa su cara oculta y nos tratan como lo que ellos creen que realmente somos: el pueblo, un masa indefinida, unos números, unas putas. Ahí es cuando nosotros nos ofendemos y huimos a nuestro piso con nuestra amiga, hasta que, (y esto pasará) la situación mejore y venga nuestro amado Amo con su dinero y su amabilidad a pedirnos disculpas en su limusina, y a cubrirnos de consumo y deseo (de ganas).

 Otro factor fundamental en la película es la actitud de Gere, pero en otro ámbito. Sabemos que es un hijo de puta de los negocios, que se dedica a lo más asqueroso de estos, pero como es bueno y encantador con ella todo eso se olvida. Es algo así como lo que Zizek llama los comunistas liberales (Gates, Soros, directivos de Google, etc.). Empresarios con los mayores poderes económicos del mundo, pero también con las mayores aportaciones benéficas del planeta. Esto es hipocresía en estado puro. Es como si yo voy a tu casa, te parto las piernas con un bate de béisbol y luego te compro unas muletas. Algo parecido, pero en otro ámbito, pasa con esta película. ¿Cómo vas a juzgar mal a una persona tan encantadora como lo es Richard Gere con Julia Roberts? «Él es bueno, pero claro, si no lo hace él, lo hará otro…». Por tanto, lo que veo en esta película no es una historia de amor, sino una historia de dominación, de clase, de género, económica, etc. Si esta película la hubiese dirigido Haneke habría sido el drama del año, pero se convirtió en la comedia romántica más taquillera de la década. Llegados a este punto hay que cuestionarnos a nosotros mismos y preguntarse el porqué.

 Muchxs de vosotrxs pensaréis que las películas no se analizan así, que se ven, que no hay que rebuscar tanto… Error. El cine es el canal más subversivo y retorcido que pueda existir (y más cuando viene de Hollywood), y por ello lo que resulta imprescindible es destapar todas las caras ocultas que las imágenes nos aportan. Solo así descubriremos los mecanismos ocultos que nos convierten en putas cada día más y más.

J. Carrión.